Últimamente escribo menos en el blog. No porque me falten cosas que contar (más bien me sobran), sino porque requieren un tiempo que es más limitado del que me gustaría. Hay reflexiones que me dan vueltas en la cabeza durante semanas, que maduro despacio, que necesito decantar antes de lanzarlas al mundo. Y cuando finalmente me siento a escribir, esto se convierte en algo parecido a la terapia, así que mis disculpas de antemano si os lleno la cabeza con mis reflexiones sobre whisky e inteligencia artificial.
Sí, hasta aquí vais a leer sobre inteligencia artificial. Si no vives debajo de una piedra, seguro que has oído hablar de un tal ChatGPT y de cómo el mundo está viviendo una transformación completa. Aviso a navegantes: no voy a ser condescendiente con las marcas que están apostando por ella, porque como profesional del marketing entiendo perfectamente sus estrategias. Pero tampoco voy a hacer como que todo lo que se presenta como innovación tecnológica en este sector lo es realmente. Porque tengo un problema de perspectiva que me obliga a ser honesta.
Llevo años trabajando con tecnología y en mi día a día la inteligencia artificial no es el futuro, sino el presente más inmediato y cotidiano. Un ecosistema donde todo el mundo habla de prompts, modelos y agentes como si fueran conceptos de toda la vida. Una pequeña burbuja en la que todo el mundo respira IA. Y cuando salgo de esa burbuja y miro al mundo del whisky, me pregunto: ¿cómo va a afectar este cambio de paradigma?
Como con cualquier innovación tecnológica, hay dos tipos de IA. Está la que realmente cambia cosas, aporta, hace crecer. Pero también está la IA de los que se suben al carro levantando una bandera para llenar titulares hablando de innovación. Y en el mundo del whisky pasa exactamente lo mismo. Pero antes de centrarnos en cómo la IA se está adentrando en el mundo del whisky, es necesario volver a los básicos.

Por qué elegimos el whisky que elegimos
Esta es, quizá, mi estrella polar en el mundo del whisky. Ya hace mucho descubrí que gran parte de la experiencia de tomarse un whisky va más allá del sabor y las notas de cata. Va del viaje a través de los recodos de la memoria, despertado por un aroma o una nota especiada. Lo tuve claro el mismo día en que me enamoré de Redbreast, porque en ese primer sorbo me transportó a la cocina de mi abuela. Tal vez fue la nota de Jerez o la combinación de aromas, pero en ese mismo instante me robó el corazón. No porque fuera un gran whisky (sé que estoy sesgada, pero lo es), sino porque me llevó a un momento y un lugar que ya no existe.
Y no es el único. Laphroaig siempre me transporta a las hogueras de cada San Juan celebrado en la playa. Kilchoman siempre será la última copa de mi primera visita a Escocia. Pero no solo son los recuerdos propios. También son las personas. anCnoc me recuerda a Ian, uno de los trabajadores de Knockdhu, que nos explicó con desparpajo algunos de los detalles de la destilería. Y Jameson siempre llevará en él el corazón de Billy.
Para un momento y pregúntate: ¿cuál es el whisky en el que estás pensando y por qué te llama la atención? Es tu primer recuerdo con ese whisky, la persona con la que te lo tomaste, los metadatos que se escriben en los márgenes de la memoria cuando creamos nuestras propias notas de cata.
Por eso, cuando me preguntan si la inteligencia artificial puede transformar la industria del whisky, lo primero que se me viene a la cabeza no son los modelos predictivos de maduración ni los datos de eficiencia operacional. Lo primero que pienso es: ¿puede un algoritmo crear ese vínculo? ¿Puede hacer que hoy me apetezca este whisky porque quiero transportarme a ese momento en el tiempo? Algunos dicen que con el tiempo, sí, será posible. Otros que faltará contexto. Y no quiero hacer spoiler pero creo que recrear la parte más artesanal va a ser imposible.

Mackmyra: de pioneros en IA a la bancarrota
Antes de que la IA llenara las portadas de todos los periódicos, algunos visionarios empezaban a apostar por ella. Era 2019 y Mackmyra, un referente en innovación whiskera, se unió a Microsoft y a Fourkind para crear el primer whisky del mundo desarrollado con inteligencia artificial. Mackmyra Intelligens llegaba mientras otras empresas como William Grant & Sons apostaban más por el blockchain. Ese mismo año, Microsoft firmaba su alianza con OpenAI.
La propuesta se centró en un sistema inteligente que procesó recetas existentes, datos de ventas y preferencias de consumidores. Después, generó nuevas propuestas que consideraban tanto técnicas tradicionales como combinaciones que un destilador humano quizás nunca hubiera explorado. Hay que destacar que ya en aquel momento, Angela D’Orazio, Master Blender de Mackmyra, afirmaba que aunque la receta la creaba la IA, la selección era humana.
No fue la única propuesta pionera (ni mediática) de Mackmyra. Aun así, en agosto de 2024, Mackmyra se declaró en bancarrota.
La caída de Mackmyra no fue por su apuesta por la inteligencia artificial, pero tampoco debemos ignorar esta situación. Una destilería que decidió apostar por la inteligencia artificial en su narrativa de marca no sobrevivió a la tormenta del mercado. Ser pionero tecnológico no paga las facturas cuando hay grietas en la estructura del negocio. Y los consumidores, por ahora, tampoco se lanzan en masa a adoptar este tipo de iniciativas. Mackmyra llegó a lanzar una segunda edición de Intelligens, que fácilmente encontraréis aún a la venta.
AI washing e iniciativas curiosas en el mundo del whisky
Cuando Mackmyra lo hizo en 2019, incluir IA en tu producto era llamativo, pero no funcional. Sin embargo, en 2026 las cosas han cambiado bastante, y rara es la empresa que no lleva la IA por bandera. Eso sí, la mayor parte de las veces que leéis «nuestra empresa apuesta por la inteligencia artificial», no es innovación. Es poner el apellido «IA» a tu producto para parecer moderno y avanzado, aunque no haya nada sustancialmente nuevo detrás. A eso se le llama AI washing.
Un ejemplo para mí bastante claro de ello es Pyxis, la herramienta lanzada por Compass Box en noviembre de 2025. La marca la presentó como una guía de whisky impulsada por IA diseñada para hacer la exploración más personal, que habla varios idiomas y puede contactarse por mensaje o por teléfono. Fantástico, ¿no? La realidad es que si quitamos toda la propaganda, Pyxis no es más que un sistema conversacional entrenado con información de la propia marca para responder preguntas sobre sus whiskies, estilos de cata y maridajes. Ahora, dicho así no parece tan moderno, ¿verdad?
Eso, en términos técnicos, se llama wrapper: una capa construida sobre un modelo de lenguaje existente, personalizada con información de marca. Cualquier persona que ya use ChatGPT (o Claude, o Gemini, o cualquiera de sus primos) para preguntar «¿qué whisky ahumado me recomendarías para empezar?» obtiene algo comparable, sin necesidad de registrarse en ninguna plataforma (ni de centrarse sólo en los productos de una misma marca). No es una mala idea, para nada. Pero tampoco es innovador. Y, a mi entender, se aleja de los orígenes de la marca, una marca que ha apostado por la transparencia y la innovación desde el primer día. Una muestra más de que sin John Glaser, su fundador, Compass Box se está alejando de su esencia.
Como profesional del marketing, entiendo perfectamente el planteamiento estratégico. Compass Box quiere hablar el idioma de un consumidor más joven y más digital, quiere estar presente donde está la conversación. Y para el consumidor aspiracional, el que elige un whisky porque hace bonito en el minibar o porque quiere regalar algo con criterio, un asistente que te explica la diferencia entre un blended malt y un single grain a las tres de la madrugada tiene su utilidad real. Ese público existe y es legítimo atenderlo.
Pero Compass Box no es una marca aspiracional. Es una marca de culto, con seguidores que la eligen precisamente porque tiene alma. Reducir esa identidad a un chatbot es, en el mejor de los casos, una oportunidad perdida. Compass Box merecía algo más valiente.
En la búsqueda por ser pioneros en tecnología (y también ganar más de un titular), Diageo es una de las que más ha apostado por la IA. En agosto de 2024, la casa de Johnnie Walker en Princes Street, Edimburgo, lanzó una experiencia con el artista escocés Scott Naismith: los visitantes respondían tres preguntas que influían en colores, localizaciones y estilos basados en la obra del pintor, y la IA generaba una etiqueta única para su botella de Blue Label en cuestión de minutos. Era una colaboración real entre un consumidor, un artista humano y un algoritmo. Una manera de hacerte con una botella única de recuerdo de tu visita.
Año y medio después y con la misma tecnología (la llaman Project Halo), Diageo lanzó en el duty-free de Dubai 50.000 botellas de Black Label con ilustraciones únicas inspiradas en los paisajes de la ciudad. Sin la colaboración de un artista. Sin preguntas al consumidor. Sin alma. De nuevo una botella única, aunque más interesada en la especulación que en el propio whisky. La función de la IA, en este caso, es sólo un bonito adorno.

Cómo usar la IA para aportar valor real al whisky
En un mundo totalmente tecnificado, el whisky mantiene esa esencia artesanal y eso es algo que, sin duda, queremos seguir manteniendo. Eso no significa que las destilerías puedan aprovechar la inteligencia artificial para aprender más sobre el whisky y tomar decisiones a tiempo.
Por ejemplo, utilizar machine learning para predecir cómo va a evolucionar un whisky en barrica. Diageo lleva años trabajando en esto: primero con su tecnología SmokeDNAi, que analiza perfiles de sabor en barrica mediante algoritmos matemáticos y, más recientemente, con una colaboración de tres años con la Universidad Heriot-Watt para desarrollar una plataforma que prediga la calidad del whisky durante la maduración, entrenada con datos sensoriales y de inspección de barricas. Esto, a los niveles de producción con los que trabajan en Diageo, va a aumentar las capacidades de los master blenders, que van a seguir tomando la decisión final. Utilizar la inteligencia artificial para potenciar el oficio y la artesanía. La magia.
La inteligencia artificial puede también ayudar a identificar si las botellas que tenemos son realmente lo que nosotros pensamos. Investigadores del Instituto Fraunhofer en Alemania están desarrollando un algoritmo capaz de analizar la composición molecular de muestras de whisky. Con él se podrán predecir sus perfiles aromáticos con precisión y consistencia. No es la primera vez que a alguien le dan gato con liebre en alguna subasta, especialmente a coleccionistas que buscan botellas antiguas. Una herramienta así no llena titulares, pero hace muchísimo por mantener la integridad de la industria.
Y aquí una pequeña aclaración. Me centro en Diageo porque sus innovaciones sí que se centran en el uso de IA para realmente avanzar en la industria. Eso no significa que otras grandes empresas de destilados no utilicen la IA también. Por ejemplo, Pernod Ricard lleva años usando IA para ayudar a sus equipos de ventas a decidir qué tiendas visitar, analizando comportamiento de cada punto de venta e históricos de ventas. Muy útil en su día a día como empresa, aunque ayude menos a avanzar a la industria.

Inteligencia Artificial y whisky, ¿eficiencia o magia?
Una de mis partes favoritas del whisky es ese jenesaisquoi que hay en su historia. La magia. Lo que hace que el whisky sea whisky. Si usamos la inteligencia artificial para predecir qué perfiles de sabor se van a vender más, ¿renunciamos a los whiskies que aún no conocemos?
La Inteligencia Artificial aprende de lo que sí ha funcionado en el pasado. Analiza miles de notas de cata, historiales de ventas y preferencias de consumidores. Identifica patrones, proyecta repeticiones. Construye un mapa de lo que sí funciona. Ese mapa, inevitablemente, favorece lo predecible. Lo reconocible. Lo que el consumidor medio ya sabe que le gusta.
El problema es que algunos de los mejores whiskies de la historia no habrían pasado ese filtro. El primer Laphroaig era demasiado ahumado, demasiado medicinal, demasiado raro para cualquier modelo de preferencias de la época. Bruichladdich yendo a contracorriente y apostando por la turba cuando nadie la pedía. Kavalan apostando por que Taiwán pudiera producir whisky de calidad. Todos esos proyectos nacieron de la intuición, el riesgo y, en muchos casos, de la cabezonería de alguien con una visión que los datos no avalaban. Y si no, que se lo digan al equipo de Basque Moonshiners. Y me atrevería a decir que precisamente esa rareza, esa decisión de hacer algo que no tenía garantías, es parte de lo que los hace memorables.
Un algoritmo optimizado para Johnnie Walker (el whisky más vendido del mundo), no me habría trasladado a la cocina de mi abuela como lo hizo el Jerez de Redbreast. Un algoritmo no hubiese pensado en usar alambiques de cognac para crear algo como Brenne. La magia no está en lo que funciona estadísticamente. Está en lo que no esperas (y si me sigues de hace tiempo, sabes que esos son mis whiskies favoritos).
Si empezamos a usar la IA como filtro de preselección para decidir qué whiskies merece la pena desarrollar, vamos a acabar con apenas cuatro estilos de whisky básicos. Se venderán como churros. Pero, ¿los disfrutaremos igual?
No elegimos el whisky sólo por su perfil de sabor. Lo elegimos porque nos llama la atención, nos cuenta una historia, nos lleva a algún sitio. A una cocina, a una playa, a la última noche de un viaje que no queríamos que terminara. A los ojos de niño de Ian mientras me explicaba el funcionamiento de la destilería. A Billy comentando por qué esa barrica le da algo especial. A ti, que con cada whisky me recuerdas «este lo probé por culpa tuya«.
Y eso, ningún algoritmo puede generarlo, predecirlo, optimizarlo.
Que la IA nos ayude a entender cómo envejece el whisky. A identificar perfiles de sabor y aroma más complejos. Incluso a probar uno o dos whiskies creados bajo su criterio. Pero no quiero vivir un mundo en el que todos los whiskies los haya decidido una mezcla de chips y código.
Así que os invito a seguir probando miles de whiskies. Todos aquellos que se alejan de lo que soléis tomar. A visitar destilerías y conocer de primera mano las personas que están detrás de cada gota de agua de vida y sus historias. A decantar un poco de magia en vuestros días. Y a contarme por qué ese whisky es especial para ti.
La imágenes de este artículo las he creado junto a Claude y Nano Banana. Ya vosotros me contáis si merece la pena.
Preguntas frecuentes sobre inteligencia artificial y whisky
¿Qué es la inteligencia artificial?
La inteligencia artificial es tecnología capaz de analizar grandes cantidades de datos, identificar patrones y generar resultados (texto, imágenes, predicciones) sin necesidad de instrucciones explícitas para cada tarea. Herramientas como ChatGPT, Claude o Gemini son ejemplos cotidianos. En la industria, se aplica desde la optimización de procesos de producción hasta la generación de diseños de etiquetas o la recomendación de productos.
¿Cómo se usa la inteligencia artificial en el whisky?
Los usos más relevantes de la inteligencia artificial en el whisky son la predicción de cómo evolucionará un whisky durante su maduración en barrica, el análisis molecular para detectar falsificaciones y garantizar autenticidad, y la optimización de equipos comerciales. Diageo, por ejemplo, colabora con la Universidad Heriot-Watt para desarrollar modelos de machine learning que anticipan el perfil de sabor del whisky antes de embotellarlo. Pernod Ricard usa IA para que sus equipos de ventas prioricen qué tiendas visitar. Son usos discretos, poco mediáticos, y genuinamente útiles.
¿Qué es el AI washing?
El AI washing es el uso de la etiqueta «inteligencia artificial» para aparentar modernidad e innovación sin que haya nada sustancialmente nuevo detrás. En el mundo del whisky, el ejemplo más claro son los chatbots de marca que no son más que un modelo de lenguaje existente personalizado con información de la propia empresa. Algo que cualquier consumidor puede obtener ya de forma gratuita preguntándole a ChatGPT.
¿Puede la IA crear un buen whisky?
Puede generar recetas. Mackmyra lo demostró en 2019 analizando 70 millones de combinaciones posibles. Pero la selección final siempre ha sido humana, y probablemente deba seguir siéndolo. El riesgo real no es que la IA produzca mal whisky, sino que optimice para lo que ya sabemos que funciona, descartando todo lo que todavía no conocemos. Algunos de los mejores whiskies de la historia no habrían pasado ese filtro.
¿Puede la IA reemplazar al master blender?
No. La IA puede asistir, predecir y optimizar partes del proceso, pero la creatividad, el criterio y la conexión emocional que hay detrás de los grandes whiskies no son replicables algorítmicamente. El master blender no es un validador de lo que el algoritmo ya decidió: es la fuente de donde nacen las ideas que los datos nunca sugerirían.
¿Por qué quebró Mackmyra si fue pionera en usar IA?
Porque la tecnología no resuelve los problemas de negocio. Mackmyra fue la primera destilería del mundo en crear un whisky con inteligencia artificial, en colaboración con Microsoft, pero su quiebra en agosto de 2024 tuvo que ver con dificultades estructurales y con la crisis generalizada del sector, no con su apuesta tecnológica.
Artículo publicado en junio de 2026. La información aquí contenida se ofrece a título informativo. Para cualquier consulta, podéis escribirnos a info@todowhisky.es.
