Glengoyne 10 años

A los pies de la cordillera de Campsie Fells encontramos a la destilería Glengoyne, un lugar famoso por haber hecho en el pasado de bisagra entre los whiskys ilegales del norte y las sedientas gargantas de los ciudadanos del sur. Podríamos decir que ésta botella es una de las primeras maltas de los Highlands. Aunque pasó por manos de Lang Bros, una tradicional casa de Blends de Glasgow, ahora pertenece a Ian Macleod, una modesta y familiar empresa con muchas ilusiones en el mundo del whisky, que hay  que decirlo, está haciendo una muy buena campaña publicitaria en Escocia.

A los que se esperen un whisky ahumado, este Single Malt les decepcionará, ya que Glengoyne ha decidido secar sus maltas al aire en vez de con fuego y usando la turba como combustible; sin embargo este hecho también le da unos matices muy interesantes.

La vista

De la botella no podemos decir nada relevante. Pensamos que es una pena que una destilería que está actualmente apostando por lo nuevo no haya decidido darle otro estilo a sus botellas. Evidentemente lo respetamos, pero creemos que hay whiskys para botellas clásicas y hay whiskys para otro tipo de botellas y, en este caso, quizá podrían haber sido más valientes. El color es oro, algo pálido.

La nariz

Se vuelve muy evidente la ausencia de turba en este whisky. Dulce, como olor a palomitas, con algo de manzana y notas de hierba seca. Todo bastante sutil.

El paladar

El cuerpo podría estar entre medio y ligero. Se hace muy fácil, agradable y refrescante beberlo (¡cuidado!). Notas de avellana, algo de cítricos y roble.

El final

Limpio y muy sutil, en consonancia con su suavidad. Regusto a canela y chocolate.

En conclusión, un Single Malt diferente y muy suave para a los que no les gusten los sabores ahumados de la turba.

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